INTEGRANDO LOS VALORES PERSONALES Y ORGANIZACIONALES DESDE LA COMUNICACIÓN

Por: Luis Alfredo Ramírez Chirinos / CONSUMETA

Docente UCLA – Decanato de Ciencias y Tecnología – laramirez@ucla.edu.ve
Consultor de CONSUMETA, C. A. – consumeta.ca@gmail.com

Mucho se ha hablado sobre el fin de la comunicación, cuyo objetivo más simple, es comúnmente entendido como la capacidad para producir una respuesta. Y es que cuando aprendemos a utilizar las palabras apropiadas para expresar nuestros propósitos en términos de respuestas específicas con respecto a aquellos a quienes van dirigidos nuestros mensajes, hemos dado el primer paso hacia el concepto básico.

Sin embargo, en reiteradas ocasiones perdemos de vista los propósitos que nos llevan a comunicarnos, y con frecuencia los construimos de tal manera que somos incapaces de reconocer si lo estamos haciendo correctamente. Cualquier situación humana en que intervenga la comunicación implica la emisión de un mensaje por parte de alguien, pero a su vez, la recepción de este mensaje por parte de otro.

La palabra comunicación viene del latín “Communis”, que significa “hacer común. El comunicador procura establecer una especie de comunidad con el receptor. Según (Chiavenato, 2004) podemos definir la comunicación como el proceso de transmitir información y hacer que esta sea comprendida por medio del uso de símbolos comunes entre dos o más personas. Dichos símbolos pueden ser verbales o no verbales. Entonces, comunicar es transferir información y significado de una persona a otra. Es además, un proceso mediante el cual se establecen las relaciones con otras personas a través de ideas, hechos, pensamientos, valores y mensajes.  La comunicación es el punto que enlaza a los individuos para que compartan sentimientos, ideas, prácticas y conocimientos.

David y Newstrom (2003) refieren la comunicación como la transferencia de información y su comprensión entre una persona y otra. Destacan que es una manera de ponerse en contacto con otros mediante la transmisión de ideas y hechos, pensamientos, sentimientos y valores. Cuando la comunicación es efectiva, establece un puente de significado entre dos personas, de modo que puedan compartir lo que sienten y conocen. Al usar este puente, ambos pueden cruzar sin peligro el río de los malentendidos que a veces les separa

Justamente, en esos malos entendidos es donde debemos enfocar nuestros esfuerzos comunicacionales, más cuando lo hacemos en el ámbito organizacional, pues es justo allí donde mayores problemas para vencer y atenuar la incertidumbre es que nos encontramos. Hay que dejarlo claro, no podemos separar las emociones de nosotros mismos, y al insertarnos en este terreno damos pasos a un sinfín de variables como los prejuicios, preconceptos, temores, angustias, interés, desinterés, valores, entre muchos otras percepciones internas del mundo que al conjugarlas en el terreno laboral pudieran o no tener cabida.

En el campo de la consultoría y asesoramiento empresarial suele confundirse el terreno, en el campo comunicacional de los valores personales con los organizacionales y existen fórmulas para que se conjuguen de manera exitosa ambas vertientes. En primera instancia, hay que coadyuvar a que se establezcan claramente los valores de la empresa, de ser posible pedirles a nuestro talento humano que sean partícipes en su construcción, luego vendrá el trabajo comunicacional estratégico y gerencial de buscar los mejores mecanismos para que el personal los internalice asume y comulgue con ellos.

Pero por otro lado, es imprescindible que el talento humano de nuestras organizaciones manifieste a viva voz cuáles son sus valores personales, todo ello en función de que desde las instancias gerenciales se vele porque sus aspiraciones más sentidas e íntimas, en lo que respecta a valores, puedan amalgamarse con los intereses, valores y objetivos organizacionales, pues esta será una forma sencilla de establecer vínculos y compromiso en el que la tesis de ganar todos cobrará sentido.

Pero ¿cómo es que el conjugar estos valores potencia la comunicación?

Para Chiavenato (2002), la comunicación organizacional es el proceso específico a través del cual se desplaza e intercambia la información entre las personas de una organización. Algunas comunicaciones fluyen en la estructura formal e informal, otras descienden o ascienden a través de la jerarquía, mientras otras se desplazan en dirección lateral u horizontal. Moderadamente con el uso de tecnologías los flujos de la comunicación se han intensificado.

Toda acción dentro de nuestro desarrollo laboral genera comunicaciones cuando no estamos identificados con objetivos y metas de la empresa difícilmente nuestra interacción será exitosa o asertiva, es por ello que cuando el cuerpo gerencial emprende esfuerzos para que el talento humano esté a gusto dentro del ámbito laboral el correaje comunicacional tendrá menos probabilidades de verse afectado por los ruidos, los cuales siempre van a persistir, aun cuando hagamos todos los esfuerzos por crombatirlo.

Volviendo con Davis y Newstrom (2003), en su forma más depurada, el proceso comunicacional es el método mediante el cual un emisor llega a un receptor con un mensaje. Y se trata de que exista claridad con los fines organizacionales y con el mantenimiento del sano clima laboral para que se resguarde en todo momento, tanto como sea posible el proceso de transmitir mensaje con sentido, coherencia y claridad. Es por ello que cuando el talento humano está enfocado y posee identificación con la empresa y su función dentro de la misma, sus propósitos comunicacionales se alinean y fluyen, siempre que considere lo siguiente:

  • Desarrollo de una idea (propósito de la comunicación) es lo que realmente quiere decir
  • Codificación, es la construcción de un mensaje apegado a los objetivos de la empresa (conversión de la idea en palabras, gráficos o textos “mensaje”).
  • Transmisión, buscar las diversas formas de transmitir su mensaje, no dar nada por sobre entendido. (Pronunciar la idea para transmitirla, según el método elegido “envío del mensaje”)
  • Recepción, lograr que el esfuerzo comunicativo sea efectivamente recibido por los receptores, siempre verificando que llegó. (Llegada de transmitido a otra “persona que recibe el mensaje”)
  • Decodificación, es la principal fuente de ruido, pues es aquí donde nuestras percepciones intervienen, por lo cual no hay que dar espacio a las libres interpretaciones, muchas veces es necesario repreguntar qué es lo entendido de nuestro mensaje. (Traducción y comprensión de lo transmitido a través de símbolos comunes y códigos conocidos “interpretación del mensaje enviado por emisor”)
  • Aceptación, es importante que toda vez que se haya comprendido el mensaje, el mismo sea internalizado para aguardar por las posibles respuestas; (luego de recibido y decodificado el receptor puede rechazar o admitir el mensaje
  • Uso, nuestra comunicación se convierte en un insumo para el ámbito laboral, siempre que la misma tenga valor para el logro de objetivos (se refiere al uso de la información por el receptor
  • Realimentación, consiste en la señal que da sentido al proceso en construcción del proceso comunicacional, (respuesta dada al mensaje recibido, completando el ciclo de la comunicación).

 

He tenido la experiencia como consultor de encontrar constantemente empresas dedicadas a vender, a la rentabilidad, a cristalizar metas, y sí, efectivamente la visión de negocio es imprescindible, pero ¿hasta qué punto podemos exigirle al personal rendimiento cuando no hemos emprendido acciones que nos acerquen a sus valores? ¿Desde cuándo no se revisan los valores organizacionales en su empresa? O mejor aún ¿Cuál es la vigencia de nuestra misión y visión organizacional? Aunque no lo parezca todo ello influye en el éxito comunicacional de las empresas y resulta estratégico a la hora de comunicarnos.